MARRAKECH

Por su especial encanto, Marrakech no deja de hechizar a sus visitantes. Una ciudad dividida por una muralla. Intramuros se encuentra la Medina y el casco antiguo donde se encuentra el zoco, el mercado árabe al aire libre donde se puede encontrar de todo. Extramuros está Guéliz, la zona moderna que es la herencia de aquel viejo protectorado Francés que fue antaño Marrakech.

La plaza Jemaa el-Fna es el corazón que bombea vida a La Medina. Todas las tardes, después de las cinco, La Plaza cambia de identidad: desaparecen los dentistas ambulantes, los vendedores de agua, los encantadores de serpientes y el resto de comerciantes, y abre sus puertas un restaurante colectivo constituido por 60 tenderetes. Se crea un ambiente de feria que acompaña el hacerse y deshacerse de las halacas, círculos efímeros de cuerpos apiñados alrededor del halaiqui, que es un músico rudimentario, un acróbata o un contador de cuentos, un arte que le ha valido a La Plaza ser incluida en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco.

Marrakech, una ciudad llena de magia a las puertas del desierto y al pie de la cadena montañosa del Atlas, es un verdadero oasis donde es posible experimentar el deleite de todos los sentidos.